Un exoplaneta oscuro parecido a la Tierra muestra un fino borde atmosférico iluminado y una discreta traza espectral sobre el espacio profundo.

Pronóstico / 76% de probabilidad

¿Cuándo hallaremos vida fuera de la Tierra? En 2060, la IA la detectará en un exoplaneta

Un telescopio que apague el resplandor de estrellas cercanas reunirá los espectros; la IA buscará una química que ningún planeta sin vida pueda sostener.

La primera vida extraterrestre podría aparecer como un patrón atmosférico rescatado del resplandor de una estrella lejana. ParallaxSee / ilustración editorial generada con OpenAI

La primera vida extraterrestre no saludará. Llegará como una diferencia diminuta entre la luz que una estrella emite y la que regresa desde un punto casi invisible. En esa resta aparecerán gases, nubes, temperatura y quizá una contradicción química: sustancias que deberían destruirse entre sí, pero siguen presentes porque algo las repone.

La máquina decisiva ya tiene una misión. El Habitable Worlds Observatory (HWO) de la NASA se diseña para obtener imágenes directas de mundos potencialmente habitables y buscar bioseñales en sus atmósferas. Su objetivo científico declarado es identificar y fotografiar directamente 25 mundos potencialmente habitables. La misión Habitable Worlds Observatory

El calendario todavía es una ambición, no una fecha de lanzamiento contratada. El estudio decenal estadounidense concluyó que un observatorio de unos seis metros podría reunir cerca de 25 espectros atmosféricos y, con financiación óptima, despegar en la primera mitad de la década de 2040. La lista preliminar de trabajo reúne alrededor de 160 estrellas próximas. La documentación de la lista preliminar de objetivos de HWO

ParallaxSee conserva la predicción inglesa, su horizonte y su 76% de confianza: a más tardar el 31 de diciembre de 2060, la inteligencia artificial tendrá un papel material en la identificación de la primera evidencia de vida fuera de la Tierra ampliamente aceptada, obtenida en la atmósfera o la superficie de un exoplaneta rocoso.

«Ampliamente aceptada» es la expresión importante. La NASA está construyendo una base de conocimiento para evaluar señales de vida según su contexto, sus falsos positivos y sus falsos negativos, con argumentos sustentados en literatura científica. La base de conocimiento de la NASA para detectar vida El hallazgo deberá sobrevivir a esa clase de examen: observaciones repetidas, equipos independientes, instrumentos o campañas separados y una revisión científica de alto nivel que juzgue insuficientes las explicaciones abióticas.

Esta edición mira el futuro desde una red panhispánica ya real. Chile alberga la gran infraestructura óptica que examinará atmósferas; España construye instrumentos y concentra investigación astrobiológica; México forma especialistas en bioseñales y química planetaria; Argentina amplía incluso la pregunta sobre qué química podría sostener vida. No son notas locales añadidas a una historia de la NASA. Son partes del método que convertirá una anomalía en conocimiento.

Un algoritmo encontrará el patrón. Una comunidad internacional intentará destruirlo. Y solo si el patrón resiste, sabremos que la biología ocurrió dos veces.

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01 — Primero habrá que borrar una estrella.

Una Tierra situada alrededor de otra estrella sería desesperadamente tenue. En luz visible, un planeta como el nuestro puede ser unos diez mil millones de veces menos brillante que su sol. No basta con apuntar un telescopio grande: el resplandor estelar se derrama por el sistema óptico, y las irregularidades microscópicas de los espejos producen manchas capaces de imitar o esconder el planeta.

HWO intentará abrir una zona oscura alrededor de cada estrella. Un coronógrafo bloqueará el centro brillante; espejos deformables corregirán el frente de onda; sensores medirán desviaciones diminutas; algoritmos separarán una señal que se mueve como planeta de una mancha que cambia con el instrumento. El programa tecnológico de exoplanetas de la NASA trabaja precisamente en óptica de alto contraste, estabilidad, detectores y técnicas de modelado para llegar a ese régimen. El programa tecnológico de imagen directa de exoplanetas

Después llega la espectroscopia. La luz del planeta se divide por longitudes de onda. Cada molécula absorbe o emite en posiciones características, de modo que el espectro funciona como inventario químico y termómetro. La explicación en español de ESO lo resume con una claridad útil: los espectrógrafos convierten la luz en líneas, y la siguiente generación aspira a buscar rastros de vida en atmósferas semejantes a la terrestre. Cómo funciona la espectroscopia astronómica

La hazaña no consiste en producir una foto bonita. Consiste en medir una cantidad minúscula de luz sin confundirla con la estrella, el detector, el polvo, la atmósfera terrestre o las decisiones del programa de reducción. Una bioseñal no será más fiable que el camino que siguieron sus fotones.

Por eso la IA comenzará antes de la química. Aprenderá el comportamiento del instrumento, reconstruirá imágenes, priorizará exposiciones y localizará candidatos. Pero cada modelo deberá conservar trazabilidad: datos crudos, calibraciones, versiones y pruebas con señales inyectadas. Si un algoritmo solo funciona sobre el planeta que pretende descubrir, no habrá descubierto nada.

La ventaja de 2060 será el tiempo. Un candidato prometedor podrá observarse en varios puntos de su órbita, con configuraciones distintas y después de nuevas calibraciones. La señal planetaria seguirá una trayectoria física. El artefacto instrumental no sabrá hacerlo. Borrar una estrella será el primer acto; demostrar que lo que queda pertenece a un mundo será el segundo.

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02 — Una molécula emocionante no bastará.

Agua no significa vida. Significa que existe una condición que la vida terrestre necesita. Oxígeno tampoco es veredicto: la radiación puede romper moléculas y dejarlo acumulado sin biología. El metano puede nacer de procesos geológicos. Incluso dos gases fuera de equilibrio necesitan contexto: tipo de estrella, presión, océanos, volcanismo, edad y velocidad con que cada sustancia se produce y desaparece.

El marco científico más sólido trata la detección como inferencia probabilística. Primero caracteriza estrella y planeta; después evalúa habitabilidad; luego pregunta cuánto más probable sería la observación con vida que sin ella; por último intenta excluir falsos positivos. Esa arquitectura fue formulada por un grupo interdisciplinario en Astrobiology y sigue siendo una referencia para evitar anuncios basados en una sola línea espectral. El marco para evaluar bioseñales de exoplanetas

México ofrece una versión pedagógica y actual del mismo límite. La UNAM recordó en 2025 que Webb puede identificar dióxido de carbono, metano y compuestos orgánicos, pero que moléculas asociadas a microbios terrestres también pueden formarse sin vida; todavía no existe evidencia confirmada en un exoplaneta. La explicación de la UNAM sobre zonas habitables y biomarcadores

K2-18 b se ha convertido en el ensayo general de esa prudencia. Sus datos motivaron titulares sobre gases potencialmente biológicos, pero un análisis de 2026 mostró que al ampliar modelos, especies químicas y supuestos estadísticos, parte de la aparente evidencia se debilitaba o desaparecía. La lección no es que Webb fracasó. Es que una elección incompleta de modelos puede transformar incertidumbre en seguridad aparente. El reanálisis estadístico de la atmósfera de K2-18 b

La primera vida aceptada deberá ganar una competición de explicaciones. El modelo biológico tendrá que ajustar varios gases, el clima y la estrella; anticipar observaciones posteriores; y seguir siendo mejor cuando otros equipos cambien las nubes, las reacciones y las distribuciones previas. Una hipótesis muerta puede ganar una comparación estrecha. Es mucho más difícil que gane todas.

Este requisito vuelve optimista el pronóstico. Cada polémica temprana entrena a la comunidad: revela atajos estadísticos, amplía bases moleculares y eleva el estándar. El «no todavía» de K2-18 b no retrasa el descubrimiento verdadero; enseña cómo reconocerlo.

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03 — La IA no proclamará vida: comprimirá millones de mundos posibles.

Un espectro tenue admite muchas atmósferas. Una nube alta puede ocultar agua; dos combinaciones de temperatura y abundancia pueden producir curvas parecidas; la actividad de la estrella puede contaminar el tránsito. La tarea científica es recuperar una distribución de posibilidades, no inventar una composición única.

La espectroscopia de alta resolución añade otra herramienta. En vez de esperar una línea aislada y perfecta, busca el bosque repetido de líneas de una molécula y las alinea mientras el planeta cambia de velocidad. Una revisión de 2025 describe cómo estas técnicas avanzan desde detecciones moleculares hacia la caracterización tridimensional de atmósferas. La revisión sobre espectroscopia exoplanetaria de alta resolución

El aprendizaje automático acelera la recuperación atmosférica. Investigaciones pioneras mostraron que una red entrenada con espectros sintéticos podía reconstruir distribuciones de probabilidad sobre moléculas, temperatura y nubes, no solo entregar una etiqueta. La recuperación atmosférica con aprendizaje automático Un marco bayesiano más reciente de la NASA conecta aprendizaje automático con simulaciones climáticas tridimensionales de planetas terrestres, justo el tipo de biblioteca que HWO necesitará explorar. El marco bayesiano de la NASA para exoplanetas terrestres

La IA de 2060 cumplirá cuatro labores. Limpiará el ruido sin borrar la señal. Comparará el espectro con millones de atmósferas simuladas. Elegirá la siguiente observación que más reduzca incertidumbre. Y buscará relaciones que una hipótesis humana no habría pedido: estacionalidad, diferencias entre planetas hermanos o una combinación distribuida en decenas de bandas débiles.

Una estrategia especialmente poderosa es comparativa. Investigadores propusieron que un planeta rocoso con océano y biomasa podría mostrar menos carbono atmosférico que sus vecinos, porque el carbono quedó disuelto, enterrado o incorporado a materia viva. Los otros mundos del mismo sistema actuarían como controles. El agotamiento de carbono como señal de océanos y posible biomasa

Pero la IA también puede fabricar confianza falsa. Si las simulaciones no contienen una química real, ningún ajuste la encontrará. Si el conjunto de entrenamiento representa bien planetas calientes y mal Tierras templadas, el modelo será preciso donde menos importa. Por eso el sistema decisivo no será el que pronuncie «vida» con más seguridad, sino el que indique qué supuestos sostienen la conclusión, qué alternativas siguen abiertas y qué observación podría refutarla.

La inteligencia artificial hará manejable un espacio de hipótesis gigantesco. La responsabilidad de definir vida, medir incertidumbre y aceptar la explicación seguirá siendo colectiva.

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04 — Ya estamos aprendiendo a leer el clima de otros mundos.

El salto hacia una Tierra lejana no parte de cero. En 2025, el Very Large Telescope de ESO combinó la luz de sus cuatro unidades para reconstruir tres capas de la atmósfera de Tylos, un gigante ultracaliente. El equipo siguió hierro, sodio e hidrógeno y reveló una corriente en chorro que atraviesa el planeta. No encontró vida; demostró que la espectroscopia puede recuperar estructura y movimiento en un cielo que jamás veremos de cerca. Las primeras observaciones tridimensionales de una atmósfera exoplanetaria

Ese resultado importa por tres razones. Primero, separa moléculas que se forman a distintas alturas. Segundo, combina líneas débiles en una señal física. Tercero, obliga a modelos atmosféricos a explicar no solo composición, sino circulación. La búsqueda de bioseñales necesitará exactamente esa transición: pasar de «hay una molécula» a «entendemos el planeta que la mantiene».

Chile participa en la interpretación, no solo presta su cielo. En diciembre de 2025, el astrónomo chileno Néstor Espinoza explicó en la Universidad de Chile cómo Webb identifica vapor de agua y dióxido de carbono y cómo sus datos están cambiando los modelos atmosféricos. Subrayó además el carácter colaborativo de la ciencia. El seminario chileno sobre atmósferas observadas por Webb

Esa colaboración será una defensa contra errores. Un grupo puede dominar fotometría, otro química, otro clima y otro aprendizaje automático. Equipos que usan programas y supuestos diferentes pueden descubrir que todos reproducen la misma atmósfera. También pueden descubrir que la respuesta desaparece cuando cambia una opacidad molecular. Ambos resultados son progreso.

La diversidad geográfica ayuda de forma concreta. Las observaciones espaciales no sufren la turbulencia terrestre; los telescopios del suelo pueden alcanzar resolución espectral altísima; laboratorios miden moléculas; computadoras simulan climas; microbiólogos proponen metabolismos. Ningún aparato reúne todo. La primera bioseñal creíble será un expediente construido por instrumentos y disciplinas que se vigilan mutuamente.

La palabra «detección» puede sugerir un instante. En realidad habrá una secuencia: señal inicial, repetición, espectro más amplio, comparación con planetas vecinos, modelado de la estrella, revisión independiente y quizá años de desacuerdo. El día del anuncio será solo la última página visible.

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05 — Atacama será uno de los tribunales del hallazgo.

El Extremely Large Telescope de ESO, con un espejo principal de 39 metros, se construye en Cerro Armazones, Chile. Su espectrógrafo ANDES está concebido para estudiar con gran resolución las atmósferas de exoplanetas parecidos a la Tierra y tiene como objetivo último buscar señales de vida. El instrumento cubrirá luz visible e infrarroja cercana con una resolución aproximada de 100.000. El instrumento ANDES del ELT

El calendario recuerda que la ingeniería real no obedece titulares. ESO revisó su plan en 2025: primera luz del telescopio en marzo de 2029 y primeras observaciones científicas en diciembre de 2030, después de retrasos por clima, fabricación y desarrollos tecnológicos. El calendario actualizado de primera luz del ELT

Esa demora no amenaza una predicción para 2060. Al contrario, deja tres décadas para que el ELT y sus instrumentos maduren, observen candidatos y construyan series temporales. Un HWO espacial podrá separar el planeta de su estrella y medir un espectro amplio; ANDES podrá buscar patrones moleculares finos y cambios de velocidad con una técnica distinta. La coincidencia entre ambos sería mucho más fuerte que la confianza de cualquiera por separado.

Chile ya enlaza sus telescopios con misiones espaciales. PLATOSpec, desarrollado con participación de la Pontificia Universidad Católica, comenzó operaciones para apoyar la selección y caracterización de candidatos de la misión PLATO de la ESA. La participación chilena con PLATOSpec en la búsqueda de exoplanetas Así se forma el embudo científico: descubrir planetas, medir masas y órbitas, escoger los mejores, estudiar atmósferas y reservar el tiempo más costoso para las preguntas decisivas.

La política pública también cuenta. El Ministerio de Ciencia chileno reconoce que el país concentra una porción extraordinaria de la infraestructura astronómica terrestre y mantiene una comisión asesora para coordinar estrategia, desarrollo e impacto. La estrategia chilena para materias astronómicas

Albergar telescopios no garantiza liderazgo. Harán falta acceso competitivo a datos, formación, ingeniería local, laboratorios y capacidad de cómputo. Pero la oportunidad es excepcional: una parte de la confirmación de vida extraterrestre podría atravesar fibra, espectrógrafos y equipos humanos instalados en Chile. Atacama no será el paisaje de fondo. Será un tribunal independiente para una afirmación que cambiará la historia.

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06 — España, México y Argentina ensanchan la definición de la búsqueda.

España concentra una de las comunidades astrobiológicas más completas en lengua española. El Centro de Astrobiología, compartido por INTA y CSIC, investiga exoplanetas, habitabilidad, química prebiótica, extremófilos, simulación de ambientes e instrumentación. Las líneas de trabajo del Centro de Astrobiología Esa combinación es crucial: interpretar un gas remoto exige saber qué reacciones no biológicas lo fabrican y qué metabolismos plausibles podrían mantenerlo.

El Instituto de Astrofísica de Andalucía aporta experiencia observacional. Su investigación con CARMENES logró detecciones de vapor de agua a alta resolución y explica el problema con una imagen certera: escuchar el canto del planeta dentro de la tormenta de nuestra propia atmósfera. El trabajo del IAA-CSIC sobre atmósferas de exoplanetas

México fortalece la cadena desde la formación. El Instituto de Astronomía de la UNAM explica en 2026 cómo tránsitos, velocidad radial e imagen directa permiten detectar exoplanetas y obtener pistas de sus atmósferas. La actividad de la UNAM sobre métodos de detección exoplanetaria Sus programas de ciencias planetarias integran atmósferas, habitabilidad y bioseñales. Esa continuidad entre divulgación, docencia e investigación crea la comunidad capaz de revisar un anuncio global en vez de recibirlo pasivamente.

Argentina añade una pregunta más radical: ¿y si la vida no usa la química que esperamos? Investigadores del CONICET y la UBA ampliaron la lista de solventes capaces de sostener biopolímeros, una vía para imaginar organismos molecularmente distintos de la biosfera terrestre. El estudio argentino sobre solventes para vida alternativa

Esta diversidad reduce un riesgo intelectual: buscar solo una segunda Tierra moderna. Durante buena parte de su historia, nuestro propio planeta estuvo vivo sin una atmósfera rica en oxígeno. Otro mundo puede usar pigmentos distintos, producir gases diferentes o esconder gran parte de su biosfera bajo el océano. Una búsqueda demasiado terrestre produciría falsos negativos.

El aporte panhispánico más valioso no será una bandera junto al descubrimiento. Será ensanchar el catálogo de planetas, químicas y organismos que los algoritmos consideran posibles; contrastar modelos con ambientes extremos de la Tierra; y formar equipos capaces de traducir un resultado técnico en una deliberación pública rigurosa en español.

07

07 — El caso contrario sigue siendo formidable.

La predicción puede fallar. HWO podría sufrir retrasos, reducción de alcance o cancelación. Los 25 mundos potencialmente habitables podrían no existir alrededor de las estrellas accesibles. Nubes y brumas podrían ocultar sus superficies. Una biosfera microbiana podría producir una señal demasiado débil. O la vida podría ser escasa incluso cuando abundan agua y roca.

También puede ocurrir lo más frustrante: datos excelentes y desacuerdo permanente. Un planeta puede mostrar oxígeno, metano y agua, mientras un proceso geológico poco conocido sigue siendo posible. La ciencia no está obligada a convertir una probabilidad alta en certeza social.

La estrategia de la NASA para caracterizar exoplanetas reconoce esa dificultad: necesita medir estrellas, masas, radios, atmósferas y ambientes, y desarrollar marcos que contemplen falsos positivos y falsos negativos antes de interpretar vida. La capacidad científica de la NASA para caracterizar exoplanetas

El 76% de confianza no supone que cada eslabón sea seguro. Supone que hay rutas alternativas. HWO puede proporcionar imagen directa y espectros comparables. ELT puede ofrecer resolución complementaria. Webb, Roman, PLATO y observatorios posteriores mejorarán candidatos, tecnología y modelos. Una señal superficial —por ejemplo, un borde espectral asociado a pigmentos— podría sumarse a gases. Varios planetas de un mismo sistema podrían aportar controles naturales.

La IA aumenta la probabilidad porque vuelve tratable la combinación. Puede decidir qué longitud de onda, época orbital o instrumento reduce más la incertidumbre; reutilizar modelos sobre miles de atmósferas; y detectar anomalías consistentes que no sobresalen en una gráfica. Sin embargo, no crea fotones. Si la naturaleza no entrega suficiente información, ningún modelo resolverá el caso.

El contrargumento más fuerte no es que la vida no exista. Es que 2060 podría llegar antes que la combinación de telescopio estable, muestra suficiente, señal accesible y consenso. Por eso la predicción exige una fecha y una resolución estricta. El entusiasmo sin plazo no se puede evaluar; la química sin aceptación amplia no es todavía descubrimiento.

08

08 — El algoritmo deberá mostrar su expediente.

Una detección asistida por IA plantea una pregunta incómoda: ¿cómo confiar en un patrón que ningún ser humano puede revisar completo? La respuesta no será «porque el modelo es muy potente». Será un expediente reproducible.

El sistema tendrá que conservar qué datos recibió, qué píxeles descartó, qué calibración aplicó y qué versiones de código usó. Los equipos deberán probarlo con planetas simulados y con señales artificiales insertadas en datos reales. Tendrán que mostrar cuántas veces declara vida en mundos muertos y cuántas veces pierde bioseñales conocidas. El resultado final deberá expresarse como incertidumbre condicionada por modelos, no como una voz sintética que sentencia.

La independencia será técnica, no ceremonial. Dos grupos que ejecutan el mismo paquete sobre el mismo espectro cuentan menos que dos campañas con instrumentos distintos. Una confirmación fuerte combinará un telescopio espacial y uno terrestre; diferentes bandas; nuevas épocas; canalizaciones independientes; y equipos que no comparten todos los supuestos.

También habrá que protegerse contra la selección retrospectiva. Si se examinan miles de combinaciones y solo se publica la que parece biológica, la significación se infla. Los equipos deberían registrar con antelación qué señal esperan, qué prueba usarán y qué observación de seguimiento puede hacerla caer. El candidato debe predecir datos futuros.

La aceptación social merecerá su propio cuidado. «Evidencia de vida» no significa comunicación, inteligencia ni visita. Puede indicar microbios equivalentes a los que transformaron la Tierra durante miles de millones de años. Tampoco implica peligro: estaremos leyendo luz emitida o reflejada hace años. Los titulares que mezclen bioseñal con civilización dañarán la confianza precisamente cuando más falta haga.

El español será una infraestructura científica en ese momento. Millones de personas necesitarán explicaciones exactas sobre probabilidad, falso positivo, revisión y réplica. Chile, España, México y Argentina disponen de instituciones capaces de producirlas desde dentro de la investigación, no como traducción tardía. Un descubrimiento mundial será más robusto si su escrutinio también ocurre en varias lenguas.

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09 — En 2060, la resolución será un consenso con condiciones.

La predicción se resolverá a favor si, antes de terminar el 31 de diciembre de 2060, observaciones revisadas por pares y repetidas de al menos un exoplaneta rocoso establecen una bioseñal atmosférica o superficial ampliamente aceptada como evidencia de vida extraterrestre.

La evidencia deberá ser corroborada por al menos dos equipos independientes mediante campañas o instrumentos separados. Además, una gran revisión científica o una evaluación formal de la NASA, la ESA o la Unión Astronómica Internacional tendrá que concluir que las explicaciones abióticas conocidas son insuficientes. La IA deberá haber tenido un papel material y documentado en extracción de señal, recuperación atmosférica, detección de anomalías, priorización de objetivos o análisis entre observaciones.

No contarán una sola molécula, una anomalía estadística sin confirmar, la mera habitabilidad, una muestra del Sistema Solar, una tecnoseñal ni una detección posteriormente retirada. Tampoco bastará que una IA asigne alta probabilidad si los datos y análisis independientes no sostienen la interpretación.

El camino hacia el sí es visible. Ya medimos composiciones y vientos en atmósferas lejanas. HWO tiene un objetivo cuantitativo. El ELT chileno y ANDES aportarán una técnica complementaria. Centros de España, México, Chile y Argentina estudian instrumentos, atmósferas, bioseñales y químicas alternativas. La IA ya acelera la recuperación de parámetros y el diseño de observaciones.

Lo que falta es escala, estabilidad y comparación. Necesitamos observar mundos rocosos cercanos varias veces, conocer sus estrellas, ampliar bibliotecas moleculares, modelar planetas muertos con tanta seriedad como planetas vivos y aceptar que el mejor resultado de una campaña puede ser descartar una señal seductora.

El pronóstico de 76% apuesta a que tres décadas después de la primera luz científica del ELT, y tras una posible década o más de trabajo de HWO, ese proceso habrá madurado. No sabemos si la bioseñal será oxígeno junto a un gas reductor, agotamiento de carbono, variación estacional, un pigmento o una combinación todavía sin nombre. Sí sabemos cómo tendrá que comportarse: reaparecer, sobrevivir a nuevos instrumentos y derrotar explicaciones no vivas.

Cuando ocurra, ninguna pantalla mostrará un alienígena. Veremos barras de incertidumbre, espectros, modelos y una larga lista de autores. Parecerá menos dramático que la ficción y será mucho más profundo.

La IA no encontrará un rostro. Encontrará una atmósfera que se niega a estar muerta. En 2060, esa resistencia será suficiente para cambiar nuestra idea del universo.

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Pronóstico abierto / 2060

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Registro de pruebas

Fuentes

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  5. 05
    Espectroscopia

    Observatorio Europeo Austral

  6. 06
    Exoplanet Biosignatures: A Framework for Their Assessment

    NASA Goddard Institute for Space Studies / David C. Catling et al. / 2018-01-01

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  8. 08
  9. 09
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  16. 16
  17. 17
    Chile entra a misión espacial de búsqueda de exoplanetas

    Pontificia Universidad Católica de Chile / 2024-12-16

  18. 18
    Materias astronómicas

    Ministerio de Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación de Chile

  19. 19
    Centro de Astrobiología

    Instituto Nacional de Técnica Aeroespacial

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