Corte conceptual de un diente marfil con finas ramificaciones verdes en su interior, sobre un fondo cálido.

Pronóstico / 65% de probabilidad

¿Podremos regenerar dientes dañados? En 2035, un ensayo de 200 pacientes demostrará que sí

La odontología regenerativa ya reconstruye pulpa y soporte dental en estudios pequeños. Antes de 2035, un gran ensayo probará un beneficio clínico medible.

Ilustración conceptual de tejido vivo regenerándose dentro de un diente existente. Ilustración editorial generada con IA / ParallaxSee

Regenerar un diente no significa necesariamente fabricar otro desde cero. Puede significar devolver sangre y sensibilidad a una pulpa dañada, formar dentina organizada bajo una lesión o reconstruir el ligamento y el hueso que sostienen una pieza amenazada. Esa diferencia convierte una promesa futurista en una pregunta clínica que ya puede medirse.

La necesidad es enorme. La Organización Mundial de la Salud calcula que las enfermedades bucodentales afectan a casi 3.700 millones de personas y que la periodontitis grave alcanza a más de mil millones. La prevención seguirá siendo la herramienta más poderosa; ningún tratamiento regenerativo sustituirá el control del biofilm, el flúor, una dieta saludable o la atención temprana. Pero cuando el daño ya existe, conservar tejido vivo puede separar un diente funcional de una extracción.

ParallaxSee pronostica con 65% de confianza que, antes de terminar 2035, un nuevo ensayo humano aleatorizado con al menos 200 pacientes demostrará superioridad estadísticamente significativa en un criterio clínico primario preespecificado para regenerar tejido vivo dentro o alrededor de dientes permanentes existentes, medido seis meses o más después del tratamiento. El resultado podrá ser vitalidad pulpar, inserción periodontal, soporte dental, reparación ósea periodontal medida por imagen o retención del diente. Deberá comparar la intervención con placebo, simulación o atención convencional y cumplir la regla estadística fijada en su protocolo.

El pronóstico no exige que crezca un tercer juego completo de dientes, que una terapia obtenga autorización comercial ni que llegue a todas las consultas. Tampoco contará una placa de laboratorio, un ratón, un comunicado empresarial, un subgrupo exploratorio o una mejoría en un criterio secundario. La apuesta es más estrecha y más útil: que la odontología regenerativa produzca una prueba clínica grande, prospectiva y difícil de explicar por azar.

Esta edición mira la carrera desde el mundo hispanohablante. México cultiva y caracteriza células de pulpa; Argentina estudia su combinación con biomateriales; Chile mantiene líneas de ingeniería tisular; Colombia y Chile documentan una enorme carga periodontal; España ofrece una ruta regulatoria exigente para terapias celulares. China y Japón llevan hoy la delantera experimental, pero la validación, fabricación y futura adopción serán necesariamente internacionales.

01

01 — El primer diente regenerado probablemente será un diente que nunca se fue.

Un diente permanente parece una pieza mineral, pero es un pequeño órgano. El esmalte exterior no vuelve a crecer porque las células que lo fabricaron desaparecen tras la erupción. Debajo, la dentina puede responder de forma limitada; en el centro, la pulpa contiene vasos, nervios y células capaces de participar en reparación. Alrededor de la raíz, cemento, ligamento periodontal y hueso alveolar forman un sistema vivo que absorbe fuerzas y mantiene la pieza en su lugar.

Esa anatomía explica por qué “regenerar dientes” abarca proyectos muy distintos. Reanimar la pulpa de un incisivo traumatizado no equivale a crear una corona y una raíz nuevas. Recuperar unos milímetros de inserción periodontal no equivale a sustituir toda una muela. Cada objetivo, sin embargo, puede conservar una pieza natural y enseñar a controlar células, señales y materiales.

La demostración humana más clara de regeneración pulpar apareció en China. En un ensayo aleatorizado de 40 pacientes, investigadores implantaron células madre procedentes de dientes temporales de los propios participantes en dientes permanentes jóvenes cuya pulpa había muerto tras un traumatismo. Después de las exclusiones, evaluaron 26 dientes tratados y diez controles. A los doce meses comunicaron tejido pulpar vascularizado, respuesta sensorial y mayor desarrollo radicular. Veinte pacientes tratados tuvieron seguimiento de seguridad durante dos años sin acontecimientos adversos observados en ese grupo pequeño.

El límite importa tanto como el resultado: eran dientes inmaduros, con raíces aún en desarrollo y una biología más favorable que la de una muela adulta después de décadas de caries. El estudio mostró posibilidad, no una terapia general.

Otro equipo chino trató dientes expulsados por traumatismo. En un piloto con 15 pacientes, combinó agregados celulares con una matriz dental descelularizada. La estructura recuperada siguió siendo el diente original; la intervención intentó repoblarla y devolverle función. Esta es la ruta pragmática del pronóstico: usar la arquitectura que el paciente todavía conserva y reparar uno de sus compartimentos vivos.

Un ensayo de 200 personas será mucho más exigente. Tendrá que fabricar un producto consistente, definir qué pacientes pueden beneficiarse, estandarizar la desinfección, mantener el enmascaramiento y elegir un resultado que importe clínicamente. Pero no partirá de cero: ya existen señales humanas que justifican la siguiente escala.

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02 — La periodontitis ofrece el objetivo más amplio y la advertencia más útil.

La pulpa vive dentro del diente; el periodonto lo sostiene desde fuera. Cuando la periodontitis destruye ligamento y hueso, controlar la infección puede frenar el proceso, pero reconstruir el aparato perdido es más difícil. Esa combinación de gran necesidad, defecto medible y tejido accesible convierte la enfermedad periodontal en un terreno lógico para probar células y biomateriales.

En 2025, investigadores chinos publicaron dos estudios aleatorizados de inyección de células de pulpa dental, con 96 y 36 participantes. Todos recibieron control periodontal convencional; el grupo experimental recibió además células alogénicas. A seis meses, el ensayo mayor no mostró una ventaja significativa en la medida global de inserción clínica. Sí apareció una mejoría en un criterio de defecto óseo, y un análisis posterior del subgrupo con enfermedad grave halló una ganancia media de inserción mayor con células que con solución salina.

Ese patrón es exactamente el que un campo joven debe aprender a no exagerar. Un subgrupo definido después de ver los datos puede indicar quién responderá, pero no confirma por sí mismo la eficacia. La siguiente prueba debe seleccionar a esos pacientes por adelantado, fijar el criterio principal y demostrar que la señal reaparece. El hecho de que no se notificaran acontecimientos adversos graves tampoco resuelve la seguridad rara o tardía: 132 personas y medio año no bastan para ello.

La infraestructura para una prueba mayor ya fue anunciada. El hospital odontológico de la Universidad de Pekín documentó en 2023 el lanzamiento de un programa multicéntrico de fase II para periodontitis crónica. Su registro NCT05924373 describe 204 participantes, asignación aleatoria, doble enmascaramiento, placebo y un criterio óseo primario a seis meses. El registro no publica resultados y su estado quedó desactualizado; una fecha estimada no demuestra que el estudio terminara.

Por eso ParallaxSee no da el pronóstico por cumplido. El diseño registrado se parece mucho al umbral, pero la resolución exige un informe completo, revisado por pares, posterior al comienzo de esta predicción y con éxito en el criterio primario. Si el programa chino se retrasa o fracasa, otro ensayo de pulpa, dentina o periodonto puede cumplirlo. La cartera, no un único producto, sostiene el 65%.

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03 — Aprender a dar instrucciones es tan importante como disponer de células.

Una célula madre no recibe la orden abstracta de “hacer diente”. Responde a señales locales, a la rigidez de su soporte, al oxígeno, a la inflamación y a otras células. El desafío consiste en producir el tejido correcto, en la orientación correcta y durante el tiempo correcto. Dentina desorganizada, hueso donde debería existir ligamento o crecimiento fuera de control no serían regeneración útil.

La investigación del desarrollo está convirtiéndose en un mapa de instrucciones. En 2025, la Universidad Médica de la Capital presentó un atlas celular del desarrollo dental humano que destacó el papel director del epitelio dental. Era investigación de mecanismo, no un tratamiento en pacientes. En 2026, un estudio relacionado examinó la secuencia de señales WNT y NOTCH e identificó una población de células pulpares humanas capaz de formar dentina tubular en un modelo de lesión en ratón. El trabajo de dentinogénesis usó células humanas, pero los receptores eran animales: un detalle decisivo cuando se traduce un titular científico.

Japón persigue una ambición diferente. USAG-1 es una proteína que frena señales del desarrollo. En 2021, un estudio con anticuerpos contra USAG-1 rescató la formación de dientes ausentes en ciertos ratones e indujo dientes adicionales en experimentos animales. Los hurones desarrollaron un incisivo extra bajo un esquema que incluyó dosis repetidas e inmunosupresión; algunas condiciones en ratones produjeron piezas fusionadas. El hallazgo demostró que el freno biológico existe, no que todos los adultos guarden una muela lista para salir.

En agosto de 2026, Toregem comunicó un hito regulatorio para TRG035 y describió un ensayo de fase IIa previsto en 24 niños con ausencia congénita grave de dientes. El diseño es abierto y sin comparador. Puede aportar información valiosa sobre desarrollo dental, dosis y seguridad, pero no satisface el contrato de esta predicción ni puede extrapolarse a adultos que perdieron piezas por caries o periodontitis.

Las dos rutas no compiten. Reparar un tejido existente puede llegar antes; reiniciar el desarrollo de un órgano completo puede ampliar el horizonte después. La lección común es que la forma y la función cuentan tanto como la presencia de material mineral.

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04 — México puede unir una fuente celular accesible con ingeniería controlada.

México aporta una intuición poderosa: un tejido que normalmente se desecha puede convertirse en materia prima científica. La pulpa de terceros molares sanos contiene células mesenquimales multipotentes. En 2025, la UNAM describió un proyecto de la FES Zaragoza que recibe muelas del juicio, procesa la pulpa en condiciones estériles y estudia aplicaciones en defectos óseos y periodontales. El relato institucional también reconoce dos barreras que suelen desaparecer en las promesas comerciales: costo y regulación.

La base experimental mexicana es anterior. Investigadores de la Facultad de Odontología de la UNAM aislaron células de pulpa de premolares humanos y mostraron formación de colonias, marcadores asociados a células mesenquimales y capacidad de adoptar un fenotipo mineralizante. El artículo de caracterización celular fue investigación de laboratorio; no demostró que una inyección regenere un diente en una persona. Su valor reside en enseñar la cadena que debe controlarse: selección del diente donante, aislamiento, expansión, identidad celular y respuesta a señales de diferenciación.

Para llegar a un ensayo de 200 pacientes, esa cadena se convierte en fabricación. Cada lote debe contener una población definida, libre de contaminación, con potencia comparable y trazabilidad desde la donación hasta la administración. Si las células son autólogas, el proceso se repite para cada paciente y resulta caro. Si son alogénicas, pueden producirse lotes mayores, pero aparecen preguntas inmunológicas y de compatibilidad. Si el tratamiento usa factores secretados o matrices sin células vivas, cambia la ruta regulatoria y quizá también la duración del efecto.

México dispone de universidades odontológicas, pacientes, experiencia en biomateriales y una necesidad clínica suficiente para participar en estudios multicéntricos. La oportunidad panhispánica no es vender bancos privados de dientes con beneficios hipotéticos. Es construir protocolos públicos que comparen producto, placebo y atención estándar; publiquen fallos además de éxitos; y distingan una célula bien caracterizada de una terapia eficaz.

La muela extraída puede ser accesible como muestra. Convertirla en un medicamento reproducible será la parte difícil. Esa distancia entre disponibilidad biológica y evidencia clínica es precisamente la que el ensayo pronosticado debe cruzar.

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05 — Argentina y Chile muestran que la regeneración necesita materiales y equipos, no una célula milagrosa.

Las células no permanecen por arte de magia en un defecto húmedo sometido a bacterias y fuerzas de masticación. Necesitan un vehículo o andamio que las proteja, distribuya y permita intercambiar nutrientes. También pueden necesitar señales que atraigan células del propio paciente en lugar de trasplantar otras. La intervención final probablemente será una combinación: limpieza rigurosa, biomaterial, señales biológicas y selección precisa del caso.

Una revisión argentina vinculada al CONICET y la Universidad Nacional de Cuyo examinó células madre dentales, biomateriales e inmunorregulación. Describe fuentes celulares de pulpa, ligamento periodontal, folículo, papila apical, encía y otros tejidos, y subraya la combinación con matrices. Es una revisión de posibilidades y literatura, no evidencia de uso clínico rutinario en Argentina. Esa distinción evita convertir capacidad académica en una afirmación prematura de disponibilidad.

Chile mantiene una agenda explícita. Las líneas de investigación de la Facultad de Odontología de la Universidad de Chile incluyen mecanismos celulares y moleculares de regeneración maxilofacial mediada por células madre dentarias, aplicaciones en ingeniería tisular y reparación de restauraciones. Tener grupos que estudian patología oral, microbiología, biomateriales y clínica en una misma facultad facilita hacer preguntas que un laboratorio aislado no resuelve.

La colaboración regional puede dividir el problema. Un centro fabrica y caracteriza el lote; otro prueba propiedades mecánicas y degradación de la matriz; clínicas de varios países aplican un protocolo común; un laboratorio central analiza imágenes sin conocer la asignación; y un comité independiente vigila seguridad. El tamaño de 200 pacientes deja de parecer enorme si cinco o seis hospitales reclutan en paralelo.

Esa red también mejora la generalización. Un resultado obtenido en una sola clínica puede depender de una población estrecha, una técnica quirúrgica excepcional o un equipo de imagen concreto. Un ensayo panhispánico obligaría a documentar diferencias de dieta, tabaquismo, diabetes, acceso previo a cuidados y gravedad periodontal. No se trata de diluir el experimento, sino de saber en qué condiciones funciona.

La innovación no será una ampolla con la etiqueta “células madre”. Será un sistema capaz de llegar al defecto, sobrevivir el tiempo necesario, producir tejido organizado y ofrecer un beneficio que otro equipo pueda medir igual.

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06 — La carga regional decide qué resultado clínico merece perseguirse.

Una tecnología puede regenerar milímetros de tejido y aun así fracasar como solución pública si llega demasiado tarde, exige centros inaccesibles o cuesta más que las alternativas. América Latina y España no necesitan el tratamiento más espectacular; necesitan uno que conserve dientes, reduzca intervenciones repetidas y pueda integrarse con prevención y atención primaria.

Colombia ofrece una medida de la necesidad. El Cuarto Estudio Nacional de Salud Bucal clasificó a adultos mediante pérdida de inserción y profundidad de sondaje y encontró periodontitis en 61,8% de la población evaluada de 18 a 79 años, con 43,46% en categoría moderada y 10,62% avanzada. Los datos corresponden a 2013-2014 y no deben presentarse como una fotografía exacta de 2026; sí muestran la escala del daño acumulado.

Chile documenta un patrón semejante. Su guía ministerial sobre enfermedad periodontal sitúa prevención, diagnóstico y tratamiento desde la adolescencia y recuerda que la destrucción se acumula con la edad. La guía informa grandes pérdidas de inserción en adultos y desigualdades por educación, tabaquismo y ruralidad. Un injerto sofisticado no corrige esas causas; podría conservar piezas en pacientes seleccionados después de controlar la infección.

El Ministerio de Salud argentino explica en lenguaje público que la periodontitis destruye encía y hueso alveolar y puede terminar en movilidad y pérdida dental. La prevención es posible, y debe seguir ocupando el primer lugar. La regeneración entra después: cuando el tratamiento convencional ha detenido la actividad pero queda un defecto que amenaza la estabilidad.

España, por su parte, mide tanto estado de salud como utilización de servicios. La Encuesta de Salud de España 2023 permite situar la salud bucodental dentro de desigualdades de edad, ingresos y acceso. La futura discusión de cobertura no podrá limitarse a si una terapia funciona; tendrá que comparar retención de dientes, calidad de vida, nuevas cirugías evitadas y costos a varios años.

Por eso el criterio primario del ensayo es crucial. Una imagen con más hueso es prometedora, pero una ganancia de inserción bien medida, vitalidad mantenida o mayor retención conecta mejor con la vida del paciente. El gran estudio que cumpla la predicción deberá mostrar algo clínicamente interpretable, no solo una señal biológica bonita.

07

07 — España señala la frontera entre una intervención experimental y un producto confiable.

Una terapia que contiene células manipuladas o tejido diseñado no es simplemente una técnica odontológica nueva. En Europa puede ser un medicamento de terapia avanzada. La AEMPS define estas terapias como productos basados en genes, células o tejidos, incluidos los destinados a regenerar, restaurar o sustituir tejido humano. La clasificación depende de la manipulación y de la función que tendrán las células en el receptor.

Esa categoría impone fabricación bajo normas de calidad, autorización del ensayo, revisión ética, farmacovigilancia y documentación de cada lote. Puede parecer una barrera, pero protege justo contra los errores que más amenazan a la odontología regenerativa: contaminación, identidad celular incierta, potencia variable, almacenamiento inadecuado y afirmaciones de eficacia sin comparador.

En 2025, la agencia española publicó una advertencia sobre terapias avanzadas no autorizadas. Señaló riesgos de reacciones adversas, composición inconsistente y venta directa sin pruebas suficientes. Aunque la alerta no se refería específicamente a regeneración dental, su lógica se aplica por completo: “experimental” no significa que una clínica pueda cobrar por un producto celular fuera de un ensayo autorizado.

La prueba de 2035 será más creíble si el producto se fabrica como si tuviera que llegar a miles de personas, incluso cuando aún se administre a cientos. Habrá que fijar marcadores de identidad, esterilidad, dosis, viabilidad, estabilidad durante transporte y un ensayo de potencia relacionado con el mecanismo. También deberá registrarse el protocolo antes de conocer los resultados y publicar el análisis aunque sea negativo.

España puede conectar laboratorios de terapia celular, hospitales universitarios y odontología clínica bajo ese marco. México, Argentina, Chile y Colombia tienen autoridades y requisitos propios, pero un programa multinacional puede acordar un expediente común de calidad y adaptar la autorización local. La armonización temprana evita que el mismo lote sea “la misma terapia” solo de nombre.

La regulación no garantiza eficacia. Hace posible saber qué se administró y repetirlo. Para un campo lleno de promesas visuales y clínicas privadas, esa trazabilidad es parte del descubrimiento, no burocracia posterior.

08

08 — El ensayo decisivo tendrá que vencer cuatro cuellos de botella a la vez.

El primero es biológico: la inflamación que destruyó tejido puede destruir también el injerto. Antes de regenerar, el equipo debe controlar biofilm, infección, tabaquismo y diabetes; después debe demostrar que el nuevo tejido se integra y resiste la masticación. Seleccionar solo pacientes ideales puede revelar eficacia, pero reducirá la población a la que luego se aplica.

El segundo es industrial. Las células cambian durante la expansión, los biomateriales varían entre lotes y una preparación fresca tiene poco margen de transporte. Un producto alogénico listo para usar facilita la escala; uno autólogo reduce ciertas incompatibilidades, pero multiplica operaciones individuales. Las terapias sin células vivas pueden ser más sencillas, aunque quizá necesiten señales menos potentes o repetidas.

El tercero es metodológico. En odontología, pueden contarse dientes, sitios periodontales o pacientes. La unidad estadística debe corresponder a la aleatorización. Las imágenes necesitan calibración y lectura ciega. Si existen varios criterios primarios, el protocolo debe fijar qué combinación constituye éxito. Las pérdidas de seguimiento importan especialmente cuando el umbral exige seis meses o más.

El cuarto es económico. Una terapia regenerativa no competirá solo con la extracción y el implante; competirá con raspado periodontal, cirugía convencional, endodoncia, biomateriales ya disponibles y mantenimiento. Su ventaja puede aparecer años después si evita una nueva intervención. Por eso un ensayo inicial puede demostrar eficacia sin resolver todavía el valor para un sistema público.

La mejor estrategia será modular. Primero, un grupo bien definido y un defecto con medición robusta. Después, replicación en varias clínicas y pacientes más diversos. Finalmente, seguimiento de durabilidad, eventos raros, costos y calidad de vida. Intentar demostrarlo todo en una única prueba puede volver el estudio demasiado lento o ambiguo.

La región hispanohablante tiene una ventaja si coordina estas funciones. Sus sistemas públicos conocen la carga y las desigualdades; sus universidades odontológicas tratan grandes poblaciones; sus grupos de biomateriales y células pueden especializarse; sus agencias pueden exigir trazabilidad. El ensayo que importa no necesita llevar una bandera nacional. Necesita un protocolo común y resultados que sobrevivan al cambio de ciudad.

09

09 — En 2035 sabremos más por un criterio cumplido que por cien titulares.

El contrato de resolución es deliberadamente estricto. Antes de las 23:59:59 UTC del 31 de diciembre de 2035 deberá publicarse el informe completo y revisado por pares de un ensayo aleatorizado con 200 pacientes o más. La intervención tendrá que buscar regeneración viva de pulpa, dentina o aparato periodontal en dientes permanentes existentes. El criterio primario, medido al menos seis meses después, deberá superar placebo, simulación o atención convencional conforme al protocolo y a su regla de multiplicidad.

Contarán vitalidad pulpar, inserción clínica, soporte dental validado, reparación ósea periodontal por imagen o retención del diente. No contarán biomarcadores solos, cultivos, animales, dientes completos nuevos, permisos regulatorios, notas de prensa, análisis posteriores de subgrupos ni un criterio secundario favorable cuando falle el primario. Si el estudio incluye coprimarios, deberá cumplir la regla global fijada de antemano.

La probabilidad del 65% es un juicio editorial redondeado. ParallaxSee asigna 85% a que al menos un programa elegible complete y publique un ensayo de tamaño suficiente antes del plazo; 80% condicional a que ese ensayo muestre superioridad en el criterio clínico principal; y 95% condicional a que el resultado permanezca válido al revisar protocolo, análisis y reporte. El producto es 64,6%, redondeado a 65%. No son tasas históricas medidas ni un modelo médico calibrado.

El caso favorable combina tres hechos: ya hubo señales humanas en pulpa y periodonto; existe un diseño registrado de 204 participantes; y la biología del desarrollo permite instrucciones cada vez más específicas. El caso contrario es sólido: el resultado periodontal global de 2025 fue negativo en su medida principal, muchos avances siguen en animales y fabricar células de forma consistente es difícil. Reclutamiento, financiación o regulación pueden consumir la década. El beneficio puede desaparecer al ampliar la muestra.

Cumplir el pronóstico no pondrá una jeringa regenerativa en cada consulta. Abrirá una puerta más concreta: sabremos que un tejido dental vivo puede reconstruirse con un beneficio clínico reproducible a escala. Después vendrán autorización, comparación de costos, seguimiento y acceso.

La transformación más profunda será conceptual. En vez de preguntar únicamente con qué material reemplazar una parte perdida, la odontología preguntará qué estructura sigue viva, qué señal necesita y cuánto puede recuperar. El primer gran triunfo regenerativo no será una hilera de dientes nuevos. Será un diente conocido que, gracias a evidencia rigurosa, conserve durante más tiempo su lugar en la boca de una persona.

Cronología causal / Disponible más abajo

Pronóstico abierto / 2035

65% es un punto de partida.

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Registro de pruebas

Fuentes

  1. 01
    Salud bucodental ↗

    Organización Mundial de la Salud / 2025-03-17

  2. 02
  3. 03
  4. 04
  5. 05
  6. 06
  7. 07
  8. 08
  9. 09
  10. 10
  11. 11
  12. 12
  13. 13
    Células madre en odontología: nuevas perspectivas ↗

    CONICET / Círculo Argentino de Odontología / 2022-07-01

  14. 14
  15. 15
    IV Estudio Nacional de Salud Bucal ↗

    Ministerio de Salud y Protección Social de Colombia / 2014-01-01

  16. 16
  17. 17
    Enfermedades de la boca ↗

    Ministerio de Salud de Argentina

  18. 18
    Encuesta de Salud de España 2023 ↗

    Ministerio de Sanidad de España / 2025-05-01

  19. 19
    Terapias avanzadas ↗

    Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios / 2025-11-11

  20. 20
    La AEMPS advierte sobre los graves riesgos de los medicamentos de terapia avanzada no autorizados ↗

    Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios / 2025-03-13

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